Necesidades y recomendaciones nutricionales en el envejecimiento

Dados los cambios producidos por el envejecimiento en la composición coporal y en su funcionalidad, es lógicos pensar que las necesidades de energía y nutrientes deban adaptarse a esta nueva situación.

Las recomendaciones dietéticas elaboradas por el Food and Nutrition Board (FNB), un Comité del Instituye of Medicine (IOM) de Estados Unidos, supuso un nuevo enfoque, no sólo porque estableció intervalos de edad para este grupo (51-70 años y mayores de 70 años), sino porque las ingestas dietéticas de referencia (DRI) que establecieron consideran cantidades de nutrientes y componentes de los alimentos capaces de reducir el riesgo de enfermedades crónicas.

ENERGÍA

Las necesidades energéticas están disminuidas en el proceso del envejecimiento debido a un menor metabolismo basal y, sobre todo, a una menor actividad física. Esta reducción se cifra en un 5% por década (entre 300 y 600 kcal).

La FAO/OMS (1985) estableció ecuaciones para el cálculo del gasto energético en reposo (GER) según el sexo  y la edad, expresadas en Kcal/día, que para las personas mayores son:

Varones >60 años = 13,5 x peso (kg) + 487

Mujeres >60 años = 10,5 x peso (kg) +596

El IOM (2002) definió ecuaciones de predicción de las Necesidades Energéticas Estimadas (EER) que permite calcular la energía total.

Las EER en personas de 80 años o más, se considera un valor de 2004 kcal para el varón y de 1838 kcal para la mujer. En cualquier caso, el aporte de energía no debe ser inferior a 1600 kcal, ya que estas dietas suelen ser desequilibradas sobre todo en micronutrientes.

Tabla 1. Ingestas dietéticas de referencia de energía y macronutrientes
Edad (años)

Varones

Mujeres

EER AI RDA AMDR EER AI RDA AMDR
Energía (Kcal) 51-70>70 22041978 2054
Proteínas (g) 51-70>70 5656 10-35% 4646 10-35%
Hidratos de carbono (g) 51-70

>70

130

130

40-65% 130

130

40-65%
Lípidos (g) 51-70>70 20-35% 20-35%
Fibra (g) 51-70>70 3021 3021
n-6 AGPI (g) 51-70>70 1414 1111
n-3 AGPI (g) 51-70>70 1,61,6 1,11,1
Tomado de Institute of Medicina, 2002.AI: ingesta adecuada; AMDR: rango de distribución aceptable de macronutrientes; EER: requerimiento estimado de energía; RDA: ingestas dietéticas recomendadas (98% de la población)

 

MACRONUTRIENTES

Proteínas

Para fijar las necesidades de proteínas debe tenerse en cuenta el principal papel que tiene este nutriente, que es su función plástica. El envejecimiento trae consigo una disminución de la masa magra; esta disminución se  produce principalmente a expensas de la masa muscular. Esto sugeriría una menor necesidad de  proteínas en la dieta; sin embargo, diversos estudios han aportado datos que estarían, algunos a favor y oros en contra de aumentar las necesidades de proteínas con respecto al adulto. Estos hechos son:

-          La renovación de proteínas es de un 20 a un 30% menor que en la edad adulta.

-          Los adultos mayores tienen una relativa malabsorción de los aminoácidos, lo que conlleva una menor asimilación proteica.

-          El catabolismo proteico provoca una reducción de los aminoácidos necesarios para la síntesis; sin embargo, en el hígado y en el intestino el recambio es más intenso.

-          Las personas mayores no disponen de la misma reserva de aminoácidos para efectuar la síntesis proteica. Hay una mala reutilización de estos aminoácidos.

Frente a estos hechos hay dos posturas. Una es la que mantiene, entre otros, el FNB (DRI, 2002) que, propone un requerimiento medio estimado de 0,66g/kg/día y una ingesta recomendada de 0,8g/kg/día (lo que equivale a 56 g y 46 g, respectivamente, para el varón y la mujer definidos). La otra postura considera que una ingesta de 1,5g/kg/día es beneficiosa no sólo p ara mantener la masa muscular necesaria como estratégica reserva de aminoácidos, sino que la masa muscular y la función muscular se correlacionan con el aumentos de la función física.

Las DRI (2002) estiman un rango aceptable de distribución de macronutrientes para las proteínas de entre en 10 y el 35% de la energía de la dieta.

En situaciones de estrés quirúrgico, inmovilidad o enfermedad crónica pueden necesitarse entre 1,2 y 1,5 g/kg para mantener un balance nitrogenado adecuado.

Pero tan importante como la cantidad es la calidad de las proteínas, ya que éstas deben suministrar los aminoácidos esenciales y en las cantidades adecuadas. Las proteínas de origen animal son de mayor calidad nutricional que las de los vegetales, pero estas últimas pueden resultar igual de adecuadas, con una buena combinación de alimentos, de forma que se complementen los aminoácidos limitantes.

La ingesta de proteínas debe ser menor en caso de alteraciones hepáticas o renales, para ajustarla a la capacidad metabólica del hígado o del riñón.

Hidratos de carbono

La glucosa es el nutriente utilizado como principal fuente de energía en la mayoría de los tejidos corporales, y es la única fuente para otros, como el cerebro o el sistema nervioso.

Una dieta con un contenido en hidratos de carbono inferior a 50-100g/día es probable que derive en una cetosis, al producirse de forma rápida la metabolización de las grasas almacenadas, dando lugar a la aparición y acumulación de metabolitos intermedios o cuerpos cetónicos. Además, se puede producir la pérdida de proteínas tisulares al utilizarlas como fuente energética, pérdida de sodio y otros cationes, y deshidratación involuntaria. En este sentido, en las DRI (2002) se establece un requerimiento medio estimado de 100g y una ingesta dietética recomendada de 130g, considerada como la cantidad mínima de hidratos de carbono para mantener la función del cerebro. Se recomienda que aporten el mayor porcentaje de energía total consumida (rango aceptable de distribución de macronutrienes entre el 45 y el 65% de la energía de la dieta)

Los hidratos de carbono más adecuados para este grupo de población son los complejos, presentes en legumbres, hortalizas y verduras.

 

Lípidos

Las recomendaciones de ingesta de lípidos son iguales que las correspondientes a la población adulta, es decir deben aportar menos del 30-35% de las kilocarías de la dieta. Pero al igual que ocurre con las proteínas, interesa su calidad; en este caso la grasa debe aportar los ácidos grasos esenciales, ácidos linoleico (n-6) y α-linolénico (n-3), además de ser vehículo de vitaminas liposolubles. El consumo de ácidos grasos saturados no debe ser superior  al 10% de la ingesta total. Las DRI (2002) proponen una ingesta adecuada (AI) de n-6 de 14g para el varón y 11g  para la mujer y una ingesta adecuada de n-3 de 1,6g, respectivamente.

La prevención de enfermedades cardiovasculares en el adulto ha llevado a recomendar una menor ingesta de grasa y colesterol; no obstante, en el envejecimiento el colesterol deja de ser un factor de riesgo cardiovascular. Esto lleva a cuestionarse si es necesaria una restricción importante en el contenido en grasas con fines preventivos, ya que a estas edades intentar retrasar la aparición de la arteriosclerosis no tiene mucho sentido. Si cuando era adulto esta persona siguió hábitos alimentarios inapropiados el daño ya estará hecho. Una restricción  importante de alimentos con contenido  graso podría condicionar deficiencias de vitaminas liposolubles, ácidos grasos esenciales o de otros nutrientes. Por otro lado, las grasas proporcionan una mejor palatabilidad a las comidas haciéndolas más apetecibles; se ha comprobado que dietas con un contenido menor del 20% de energía procedente de las grasas, hacen las comidas insípidas. Desde el punto de vista sanitario, en personas mayores el interés por la salud debe primar sobre la prevención de posibles enfermedades.

Agua

En la vejez, esta necesidad está potenciada por varios factores:

-          Disminución de la sensación de sed.

-          Disminución de la capacidad para concentrar la orina.

-          Descenso del agua corporal total.

-          Reducción voluntaria de la ingesta de agua  para evitar problemas de incontinencia sobre todo nocturna.

Todo ello conduce a un mayor riesgo de deshidratación cuyas consecuencias pueden ser irreversibles. Las DRI (2002) se recomienda la ingesta adecuada en función de la edad y sexo (tabla 2). También puede calcularse sobre la base de 30ml/kg de peso corporal y día.

Tabla 2: Recomendaciones de ingesta de agua
Sexo Edad (años) Ingesta de agua, bebidas y agua en alimentos (I)
Varón 51-70>70 3,72,6
Mujer 51-70>70 2,72,1
Tomado de Institute of Medicine,  2002

Fibra dietética

El conocimiento del papel de la fibra dietética en una alimentación adecuada y su relación con graves trastornos de tipo digestivo, así como con otras enfermedades, ha llevado a promover su consumo en individuos de todas las edades.

En el caso del individuo mayor está aun más justificado ya que en él, por disminución de la actividad física, una hidratación insuficiente y la pérdida de motilidad intestinal tienden a presentarse con mucha frecuencia problemas de estreñimiento o diverticulosis, como se ha mencionado anteriormente. Estos problemas mejoran aumentando la cantidad de fibra de la dieta, al igual que otros trastornos propios de la edad, como gastritis, hernia de hiato, úlcera péptica, etc. Se recomienda una ingesta adecuada para ambos grupos de edad de 30g para el varón y 21g para la mujer. Hay que acompañar la ingesta de fibra con un consumo de agua abundante.

alimentación y vejez

                                            Fuente: Tratado de Nutrición. Nutrición Humana en el Estado de Salud. Ángel Gil.

Patricia García Alós

Dietista-Nutricionista NºColCV 282

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