Tratamiento quirúrgico del cáncer de tiroides (parte 1)

Nociones básicas

Una vez diagnosticado un carcinoma de tiroides o incluso en los casos en los que las pruebas diagnósticas no son concluyentes pero se decida descartar un posible tumor, el siguiente paso será siempre la intervención quirúrgica.

Es el primer paso y el principal. Hoy en día existe el convencimiento de que la primera cirugía condicionará de forma significativa la evolución posterior del paciente y, por tanto, la curación o la posible aparición de mayores complicaciones.

Es importante saber que, aunque estos tumores suelen avanzar muy lentamente, no realizar la operación o retrasarla en exceso supone un riesgo de progreso de la enfermedad y puede llevarte a requerir una intervención en una fase más avanzada, o incluso de urgencia, en peores condiciones del paciente y, por lo tanto, con mayor riesgo quirúrgico.

En nuestra Unidad, como en otras, consideramos importante contar con equipos multidisciplinares especializados en cáncer de tiroides durante todas las fases del abordaje del carcinoma de tiroides. Además, queremos destacar la relevancia de que la operación sea realizada por cirujanos expertos que operen cada año un gran número de carcinomas de tiroides, tanto en primeras operaciones como recidivas. Como veremos más tarde, de la experiencia del cirujano dependerán muchas decisiones.

El objetivo de la intervención es eliminar o frenar la enfermedad y evitar la propagación del cáncer a los órganos vecinos y/o a distancia.

En la mayoría de los casos, la enfermedad está confinada en la región cervical en el momento del diagnóstico, de forma que una cirugía completa inicial puede ser potencialmente curativa.  La opción más habitual y recomendable, pero siempre en manos expertas, es la tiroidectomía total.

También conviene destacar que, con frecuencia, los tumores papilares presentan metástasis en los ganglios del cuello, lo que puede llevar a una mayor persistencia o recurrencia de la enfermedad.

Sin embargo, en la mayoría de los casos y especialmente en los pacientes jóvenes, dichas afectaciones ganglionares tienen un impacto mínimo en la supervivencia, pues una proporción significativa de las mismas permanecen microscópicas y subclínicas incluso durante décadas.

En todo caso se ha demostrado que, en determinados niveles de riesgo (tumores mayores de 2 cm y /o presencia de metástasis ganglionares), hay mejores resultados tras la asociación de cirugía y tratamiento con 131I por lo que lo más frecuente es que con posterioridad a la operación te prescriban una terapia con yodo radioactivo que evite mayores complicaciones.

Por último es importante saber que, a raíz de esta operación, dejaras de producir total o parcialmente las hormonas tiroideas T3 y T4, esenciales para tu organismo por lo que, a partir de ese momento, necesitarás Tratamiento Hormonal Sustitutivo de forma indefinida. Esta terapia consiste en la toma de una pastilla diaria en ayunas a la que deberás acostumbrarte para hacer de ella una rutina. 

Cirugía en menores

Los adolescentes y los niños se trataran con el mismo procedimiento quirúrgico que los adultos. La intervención la debería realizar siempre un cirujano experimentado y especializado en cáncer de tiroides antes que un experto en cirugía infantil, consiguiéndose entonces unas tasas de éxito y de complicaciones similares a las de la cirugía en adultos.

 

Carlos Sánchez Juan

U. Endocrinología y Nutrición

Departamento Valencia-Hospital General

Universitat de València

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