Meteorismo

M.1¿Qué es?

Para referirnos a las molestias relacionadas con la presencia de gas en el intestino, utilizamos términos como “meteorismo” o “flatulencia”.

El meteorismo es un cuadro clínico debido a un exceso de gas dentro del intestino, y al aumento de la sensibilidad de las paredes de éste a la distensión (se hincha). Es una afección común en la población general, todos padecemos gases en un grado u otro, aunque unas personas son más susceptibles que otras y puede resultar muy molesto. Es frecuente en personas con trastornos digestivos de tipo funcional. Sin embargo, según la edad y la forma en que se presente, puede ser síntoma de diferentes enfermedades.

Fuentes y eliminación del gas intestinal.

El gas presente en el intestino (nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, dióxido de carbono y metano) proviene, fundamentalmente de tres fuentes:

1.- Aire tragado

2.- Producción intestinal

3.- Difusión desde la sangre

El aire que se traga es el principal origen del gas en el estómago. La mayoría de éste es eructado, y sólo una pequeña cantidad llega al intestino. La mayor parte del gas intestinal procede de la fermentación de algunos alimentos que comemos a diario, producido por la flora intestinal. Y por último, desde la sangre pueden pasar al intestino determinados gases (nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono). Los gases intestinales se eliminan del aparato digestivo por varios mecanismos: eructos, difusión a la sangre, metabolismo de las bacterias del colon y la eliminación por el ano (ventosidades o pedos).

¿Por qué aparece?

En condiciones de ayuno, en los intestino existe poca cantidad de gas (100-200ml), que se consigue mantener por la existencia de un adecuado equilibrio entre la producción y la eliminación. Una alteración de este equilibrio puede desencadenar meteorismo.

Existen muchas circunstancias que están asociadas al aumento de producción de gas:

–          Tragar demasiado aire (aerofagia)

–          Comer depresisa

–          Situaciones de estrés

–          Ingesta de alimentos ricos en hidratos de carbono no absorbibles (aumenta la fermentación en el colon)

–          Cambrio brusco en la alimentación (aumento de contenido en fibra)

–          Tomar antibióticos que alteren la flora intestinal

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En realidad se trata de una  percepción exagerada del gas intestinal, produciendo así reflejos dolorosos frente a pequeños aumentos de volumen. Esto explica que en ocasiones el tratamiento dietético no dé los resultados esperados. En menos ocasiones, el meteorismo es un síntoma más de ciertas alteraciones o enfermedades, entre las que destacan: el estreñimiento ocasional o crónico, la intolerancia a la lactosa (si se toma leche, surgen molestias digestivas), la gastritis, la úlcera gástrica y la enfermedad de Crohn (una enfermedad en la que se produce inflamación del intestino y que puede afectar a otras zonas del aparato digestivo).

Síntomas

Puede producir eructos frecuentes, “ruidos en la tripa”, hinchazón abdominal (que puede obligar a aflojarse la ropa) y excesivas ventosidades. Es frecuente que los pacientes refieran que sus síntomas se hacen más importantes a lo largo del día. Como hay mayor sensibilidad de la normal a la distensión, muchas personas refieren dolor.

Tratamiento

La flatulencia puede corregirse, en algunos casos, reduciendo o eliminando de la dieta habitual ciertos productos alimentarios que contribuyen a producirla. Los gases acumulados pueden ser de origen gástrico o intestinal. En el primer caso se eliminarán por vía bucal, mientras que en el segundo se expulsarán por vía anal. Hasta que son eliminados, su acumulación dilata las paredes gástricas e intestinales y, por tanto, las abdominales; esta distensión abdominal, conocida también como meteorismo, puede alcanzar tamaño considerable, y es una de las molestias más frecuentes entre quienes padecen flatulencia.

Entre el 5% y el 15% del aire deglutido, sobre todo oxígeno, es absorbido por la sangre en el intestino delgado; ésta, a su vez, libera en el intestino delgado dióxido de carbono que, junto con el oxígeno restante no absorbido, pasa al intestino grueso, donde aumenta su volumen, ya que se le suman los gases producidos por las bacterias al descomponer los restos alimentarios.

Los gases que se eliminan por vía anal están compuestos, en promedio, por 60%M.3 de nitrógeno, 20% de hidrógeno, 10% de dióxido de carbono, 6% de metano y 4% de oxígeno. Su olor depende, en gran medida, de los alimentos que se hayan ingerido; así, los huevos, la carne, la col y la coliflor son ricos en azufre, lo que propicia la producción de sulfuro de hidrógeno, cuyo olor es muy semejante al de un huevo podrido.

La ingestión habitual de grandes cantidades de alimentos ricos en proteínas, grasas y fibra, así como de bebidas gaseosas, pueden causar un exceso de gases, tanto en el estómago como en el intestino.

También la ansiedad y el estrés pueden producir una acumulación de gases, puesto que ambos factores conducen a deglutir aire y acelerar los ritmos intestinales. La excesiva deglución de aire, que puede llegar a convertirse en una aerofagia, no suele ser fácil de solucionar, pero puede intentarse mediante ejercicios de relajación y comiendo de forma pausada.

Otra causa común de flatulencia es el estreñimiento, ya que las heces estancadas en el intestino generan gases.

Recomendaciones dietéticas

La flatulencia se puede prevenir o mejorar mediante una alimentación adecuada, evitando comidas copiosas, muy condimentadas o fuertes, así como reduciendo la toma de bebidas gaseadas y mejorando la digestibilidad de los alimentos que se consideran flatulentos (ciertas verduras y todas las legumbres) mediante la técnica culinaria y la condimentación más apropiadas.

Una alimentación variada y conforme con las exigencias de una dieta equilibrada:

Comer de forma ordenada (primero, segundo y postre), en ambiente tranquilo y sin interferencias (televisión, radio, prensa, etc.), respetando los horarios de un día para otro y sin saltarse ninguna.

– Se recomienda masticar bien los alimentos, comer y beber despacio los líquidos, muy en especial las bebidas gaseadas.

– No realizar comidas demasiado copiosas o de condimentación fuerte.

Para que la comida resulte más apetitosa se pueden emplear diversos condimentos:
Ácidos: Vinagre y limón.
Aliáceos: Ajo, cebolla, cebolleta, cebollino, chalota, puerro, según tolerancia.

– Evitar las especias fuertes: Pimienta (negra, blanca, cayena y verde), pimentón, guindilla.

– Evitar los alimentos o platos muy grasos: alimentos fritos y rebozados mal elaborados (con exceso de aceite), guisos y estofados grasos, salsas con exceso de grasa (nata, mantequilla, manteca, tocino, quesos fuertes…), pastelería y bollería grasas (de hojaldre u hojaldradas, de masa quebrada, con mantequilla, cremas de nata, moka, chocolate, etc.).

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– Cocer bien la pasta para que no dé lugar a molestias digestivas y procurar evitar el pan recién horneado tipo baguette, las verduras flatulentas, así como las legumbres cocinadas enteras con ingredientes grasos de origen animal.

-Respecto a la legumbre, un remojo prolongado (mayor de 8 h) y romper el hervor a mitad de cocción, disminuye la posibilidad de que causen flatulencia. Si aún así sientan mal, probar a pasarlas por el chino o el pasapurés.

– El yogur contiene bacterias que ayudan a equilibrar la flora del intestino por lo que están especialmente recomendados.

– Sustituir el café, el descafeinado y el té por infusiones de menta, anís, salvia o de hinojo o bien añadir unos granos de anís verde, hinojo o comino a una infusión de manzanilla, ya que ayudan a la digestión, y de hierbabuena, que relaja los músculos del colon (intestino grueso), lo que ayuda a aliviar la molestia del exceso de gases.

– En caso de estreñimiento, no se deben efectuar cambios bruscos en la dieta en cuanto a su contenido en fibra, ya que pueden crear más gases y dolores intestinales, incluso diarreas. Lo conveniente es introducir progresivamente los alimentos ricos en fibra: verduras cocinadas enteras o en puré sin pasar por el chino o el pasapurés y ensaladas, frutas frescas, legumbres cocinadas según las orientaciones que se han mencionado, cereales integrales, frutos y frutas secas.

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Alimentos aconsejados, permitidos y limitados

ALIMENTOS ACONSEJADOS

Leche y lácteos: leche entera, semi o desnatada -depende de las necesidades individuales-, pero en especial, se recomienda consumir con mayor frecuencia los derivados lácteos menos grasos.
Carnes, pescado, huevos y derivados: todos, con la frecuencia que marcan las recomendaciones de alimentación equilibrada.
Cereales y patatas: todos salvo los indicados en “alimentos permitidos y limitados”.
Legumbres: lentejas, garbanzos, alubias, habas, guisantes… Se recomienda combinar solo con patata o arroz y verduras, y si aún así no sientan bien, pasarlas por el chino o pasapurés para eliminar los ‘hollejos’ y mejorar su digestibilidad.
Verduras y hortalizas: todas salvo las flatulentas, preferiblemente una ración diaria en crudo (ensalada).
Frutas: todas salvo las indicadas en el apartado de “alimentos limitados”.
Bebidas: agua, caldos, infusiones suaves y zumos naturales.
Grasas: aceites de oliva y semillas (girasol, maíz, soja…), mantequilla, margarinas vegetales.

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ALIMENTOS PERMITIDOS (consumo moderado y ocasional)

Leche y lácteos: batidos lácteos, postres lácteos tipo natillas, flan, arroz con leche.
Carnes semigrasas, jamón y fiambres magros y otros embutidos más grasos.
Cereales: cereales de desayuno integrales y muesli, según tolerancia individual por su contenido en fibra (véase “recomendaciones dietéticas”).
Bebidas: zumos comerciales azucarados, bebidas refrescantes sin gas de extractos de frutas no azucaradas.
– Otros productos: miel, mermeladas, bollería y repostería sencillas (las que en composición más se parecen al pan: bollo suizo, bizcochos de soletilla), helados y sorbetes, mayonesa.

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ALIMENTOS LIMITADOS (consumir de forma esporádica o en pequeñas cantidades)

– Leche y lácteos: leche condensada y lácteos con nata o enriquecidos con nata.
– Carnes grasas, carne cocida dos veces o muy condimentada, productos de charcutería y vísceras.
– Cereales: pan fresco recién horneado tipo baguette y pasta poco cocida (fermentan en el estómago y crean molestias), galletas rellenas o bañadas con soluciones azucaradas o chocolate, etc.
– Legumbres: aquellas que se cocinan con ingredientes grasos de origen animal (chorizo, morcilla, tocino, etc.).
– Verdura flatulenta: alcachofas, col, coliflor, brócoli, coles de Bruselas, pimiento, pepino, rábanos y rabanetas, cebolla, puerros y ajos.
– Frutas: fruta en almíbar, frutas secas y frutas confitadas.
– Bebidas: café y té fuertes, bebidas con gas, bebidas con chocolate y bebidas alcohólicas de baja graduación (cerveza, vinos de mesa, sidra).
– Grasas: nata, manteca, tocino y sebos.
– Otros: pastelería y repostería rellenas, con chocolate o bañadas en soluciones azucaradas, golosinas y dulces, frutos secos, etc.
– Edulcorantes: azúcar común o sacarosa, fructosa y jarabes de glucosa.

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ADEMÁS… (no todo es comer)

Los siguientes hábitos pueden causar retención de gas, por lo que hay que evitarlos:
– Reclinarse después de comer.
– El estrés.
– Comer deprisa.
– Masticar chicles y chupar caramelos duros.

Receta
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Fuentes:

http://saludyalimentacion.consumer.es/meteorismo-al-completo

http://www.saludigestivo.es/es/enfermedades-digestivas/intestino-delgado/meteorismo.php

 

Patricia García Alós

Dietista-Nutricionista NºColCV: 0282

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