La deshidratación

deshidratacionBien es sabido que el verano es la época del año en la que más líquidos ingerimos: en estos meses se requiere aproximadamente 1 litro más de agua que en invierno. Motivos que conducen a este aumento de las necesidades son, entre otros, las elevadas temperaturas, el cambio de actividad física, modificaciones en el patrón de alimentación… Así pues, si no reponemos en función a las necesidades de nuestro cuerpo, podemos llegar a deshidratarnos. Ante una situación como esta, ¿qué manifestaciones nos llevan a pensar en una deshidratación?

Los síntomas que pueden aparecer más temprano son sed (siendo uno de los principales mecanismos regulatorios de la ingesta de agua), fatiga, pérdida de apetito, piel enrojecida, intolerancia al calor. Si la deshidratación continúa, podemos advertir síntomas como tos seca, calambres musculares (consecuencia de alteraciones en los niveles de sodio y potasio), aturdimiento, escasa cantidad de orina que adquiere además un color oscuro, vómitos y diarrea. Dejar de sudar durante una actividad física intensa puede ser una señal de alarma de que el organismo está llegando al límite.

Algunas bebidas son mejores que otras en la prevención y/o tratamiento de la deshidratación. En principio y como regla general, el agua es todo lo que una persona necesita si se está planeando una actividad de baja o moderada intensidad, como caminar. Si el ejercicio va a ser intenso, es buena idea hidratarse con algún tipo de bebida isotónica, como la limonada o bebidas deportivas, ya que estas reemplazan no sólo líquidos, sino también iones como el sodio y el potasio (se pierden en elevada cantidad a través del sudor) además de otras sustancias. En el caso de encontrarse con síntomas de deshidratación, las bebidas alcohólicas y con cafeína (como el café, té y refrescos de cola) no se recomiendan en un primer momento, ya que estos fluidos tienden a eliminar agua del cuerpo y promueven más la deshidratación.

En líneas generales, la prevención es una herramienta fundamental para evitar la disminución de la cantidad necesaria del agua corporal. Es importante saber que no se puede generalizar un consumo de agua para toda la población, ya que varía en función del peso, sexo, edad, etc. Por ello, a pesar de no saber con exactitud los requerimientos diarios de líquido para cada persona, se recomienda tener a mano una botella de agua, especialmente cuando se realizan tareas que exijan un esfuerzo físico moderado o intenso, o se esté en un lugar con temperaturas elevadas.

Por último, hay que tener en cuenta que un exceso de agua en condiciones que el organismo no lo requiera, más frecuentemente en ancianos (aunque también puede producirse deshidratación por pérdida del mecanismo de la sed o dificultad para la ingesta) o en personas con enfermedades tales como insuficiencia renal o cardiaca, puede ser contraproducente, por lo que, en estos casos, el consumo de líquido se debe ajustar a lo recomendado por el médico.

Cristian Marco Alacid

Médico Residente

U. Endocrinología y Nutrición

Hospital General Universitario de Valencia

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