Hipotiroidismo

  • El hipotiroidismo es la situación que resulta de la falta de los efectos de la hormona tiroidea sobre los tejidos del organismo.
  • El hipotiroidismo es uno de los trastornos endocrinos más frecuentes.
  • Su prevalencia aumenta con la edad y es mucho más frecuente en mujeres.
  • La tiroiditis de Hashimoto es la principal causa de hipotiroidismo en nuestro medio.
  • Los síntomas suelen aparecer de forma gradual.
  • Puede presentar complicaciones importantes si se deja evolucionar.
  • Posee un tratamiento específico y altamente efectivo.

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Papel del yodo

“podemos vivir sin muchos elementos pero no podemos vivir sin yodo”

         Es importante saber que las hormonas tiroideas tienen una característica única en el organismo y es que, en su composición, entra el yodo. Y esto es un hecho crucial porque si el organismo no dispone de yodo el tiroides no puede producir hormonas.

         De hecho, la hormona TSH de la hipófisis, lo que hace al llegar a la glándula tiroides es estimularla para que capte más yodo del cuerpo, yodo que transforma en  hormonas T3 y T4 que envía al torrente sanguíneo.

         Podemos vivir sin muchos elementos pero no podemos vivir sin yodo. Esa es la razón por la que en muchos países se incorpora obligatoriamente yodo a la sal de mesa. Es una manera muy simple y económica de evitar mayores perjuicios en las zonas en donde falta el yodo.

         De forma natural el yodo lo incorporamos a través de nuestra alimentación ya que se encuentra en la naturaleza especialmente en el agua y en el aire del mar, algas marinas, peces y mariscos y algunos alimentos vegetales como la espinaca, el brócoli, el ajo o la cebolla. En las zonas costeras y en las zonas en que existe una alimentación variada, el aporte de yodo supera el mínimo necesario pero existen zonas montañosas y del interior donde la cantidad de yodo es baja pudiéndose producir problemas para la síntesis de hormonas tiroideas.

         En España, las zonas endémicas con niveles tradicionalmente bajos en yodo, son: Galicia, Santander, Andalucía (Alpujarras, Jaén, Málaga), Asturias, Cataluña (Garrotxa, Pirineo Catalán), y Aragón (Los Monegros)

         El yodo se toma como yoduro y en el intestino se reduce a yodo iónico y éste se absorbe rápidamente. El yodo que ingresa en el organismo es atrapado de forma muy eficaz por el tiroides.

         No todo el yodo se fija en el tiroides, parte de él se elimina por la orina, parte se elimina por la saliva, parte por la mucosa gástrica y una parte pequeña se elimina por la leche materna durante la lactancia, el suficiente para que el niño también tenga su ración de yodo.

         Esto es esencial entre otras cosas para evitar los casos de cretinismo endémico ya que, como hemos dicho, una de las funciones básica de las hormonas tiroideas es intervenir en el desarrollo del sistema nervioso. Si un embrión se desarrolla sin yodo y, por tanto, sin tiroxina, el niño nace con un desarrollo mental muy deteriorado, deterioro que además es irreversible, no tiene arreglo. Igualmente, la falta de yodo limita intelectualmente a los niños, especialmente, en sus 2-3 primeros años de vida dado que es entonces cuando el cerebro desarrolla sus conexiones internas de forma especialmente intensa.

         Además, numerosos otros trastornos tiroideos además del hipotiroidismo se atribuyen comunmente a la deficiencia de yodo, como el bocio o los nódulos. Por esta razón la ingesta diaria de yodo es el mejor método para la prevención de estos problemas y en los periodos en que se requiera una cantidad mayor de yodo, por ejemplo el embarazo y la lactancia, se recomienda vigilar los niveles adecuados.

         En este sentido, el Consejo Internacional para el Control de los Trastornos por Deficiencia de Yodo (ICCID), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unicef emitieron las siguientes cantidades diarias recomendadas en microgramos (µg) de yodo:

       Niños de 0 a 7 años de edad: 90 µg/día

       Niños de 7 a 12 años de edad: 120 µg/día

       Mayores de 12 años de edad: 150 µg/día

       En el embarazo y al amamantar: 200 µg/día

         El yodo también es importante en el tratamiento del cáncer de tiroides porque, al ser las células del tiroides las únicas de todo el organismo que captan el yodo, éste se convierte en un vehículo privilegiado, para poder radiar de forma discriminada las células de tiroides cuando se ha detectado un tumor maligno en el mismo.

 

Carlos Sánchez Juan

U. Endocrinología y Nutrición

Departamento Valencia-Hospital General

Universitat de València

Función de la glándula tiroides

La función de la glándula tiroidea es producir, almacenar y liberar en la sangre hormonas tiroideas, también conocidas como T3 (triyodotironina) y T4 (tiroxina), muy parecidas entre ellas y cuyo compuesto básico es la tiroxina.

Estas hormonas son vitales ya que intervienen en el desarrollo del sistema nervioso y además regulan el metabolismo y por tanto el ritmo al que el cuerpo quema calorías para producir energía, por lo que influyen en casi todas las células del organismo y son necesarias para controlar las funciones de todos los órganos de nuestro cuerpo.

Entre otras muchas funciones, controlan la frecuencia cardiaca, las concentraciones de colesterol, intervienen en la síntesis del glucógeno y en la utilización de glucosa, son necesarias para la formación de vitamina A, mantienen la temperatura corporal, el tracto gastrointestinal, la memoria y al determinar la rapidez con que los alimentos se transforman en energía (que hemos dicho que es el metabolismo) influyen en el peso corporal, la fuerza muscular, los nervios y el nivel energético. Además controlan la cantidad de calcio en la sangre.

Para llevar a cabo su función y verter la dosis adecuada de hormonas tiroideas en sangre, el tiroides se ayuda de otras dos glándulas que se encuentran en el cerebro. Es importante comprender su mecanismo:

* La hipófisis o pituitaria detecta constantemente la cantidad de hormonas tiroideas que hay en sangre. Si no hay suficiente, produce y libera una hormona, llamada precisamente TSH (Thyroid Stimulating Hormone), que estimula el tiroides. Por tanto, al subir el nivel habitual de TSH, el tiroides se activa (aumenta el tamaño y la capacidad secretora de las células tiroideas), capta más yodo (aumenta la actividad de la bomba del yodo) y produce  más hormonas T3 y T4.
Cuando la hipófisis detecta que ya existe en la sangre la cantidad adecuada de hormonas tiroideas, reduce la producción de TSH a los valores normales.

* Para recoger toda la información necesaria para esta autorregulación, la hipófisis se ayuda de otra glándula, el hipotálamo, que se encuentra junto a ella y que, ante la falta de hormonas tiroideas, libera TRH (Thyrotropin Releasin Hormone) que pasa a la hipófisis haciéndola producir TSH.

La medición de la TSH es una de las variables esenciales a vigilar en cualquier patología tiroidea, y también del cáncer de tiroides, pues nos indicará el nivel al que trabaja tu metabolismo. Tener unas concentraciones adecuadas de TSH, T3 y T4 es imprescindible para que el cuerpo funcione bien y con energía y también para los procesos cognitivos.

 

Carlos Sánchez Juan

U. Endocrinología y Nutrición

Departamento Valencia-Hospital General

Universitat de València